sábado, 13 de agosto de 2011

CONDUCTA DE LA NINFA/CAROLINA EN SU HÁBITAT

Entre los enemigos naturales de la Ninfa/Carolina se incluyen diversas aves de presa de pequeño y mediano tamaño que se precipitan sobre las que se encuentran desprevenidas en especial durante el momento de la comida.
Debido a que la vegetación nativa es de escasa altura y al hecho de que la Ninfa/Carolina toma sus alimentos casi exclusivamente en el suelo, a sus enemigos les resulta fácil atacar una bandada de pájaros ambrientos.
El temor natural de las Ninfas/Carolinas cabe apreciarlo cuando, posadas en el suelo, emprenden el vuelo al mas leve indicio de algo inusual si bien, a menudo, lo que ha provocado el que una bandada huya asustada resulta indetectable para cualquier observador humano.
De hecho, cabe que todos los componentes aparezcan tranquilos y sosegados pero, de repente sin que exista una razón aparente, emprenden el vuelo y se posan en el punto de observación más elevado posible.

Este temor también resulta de todo punto evidente cuando acuden a beber. Durante un prolongado período dan vueltas a gran altura por encima del lugar en que se encuentra el agua, tratando de descubrir la presencia de posibles enemigos antes de descender y zambullirse para tomar algunos sorbos en el menor espacio de tiempo posible. Tras ello, vuelven a elevarse de nuevo. Jamás cabe verlas posadas en la orilla para tomar un sorbo ocasional. Procede destacar, asimismo, quedado que a menudo viven en sectores áridos, les resulta posible resistir durante períodos prolongados tras beber una cantidad muy reducida de agua.

Instintivamente parece ser que los pájaros son conscientes del poder que se deriva de su camuflaje natural y cuando se hallan posados en las ramos muertas de algunos arbustos o árboles a menudo resulta posible acercarse a ellos hasta muy corta distancia antes de que alcen el vuelo.
La percepción de esta ventaja llega a ser tal que aumentan la capacidad de camuflaje de su colorido adoptando posiciones que se asemejan a las del follaje circundante y, cuando este efecto se ha conseguido en forma plena, con frecuencia resulta extremadamente difícil darse cuenta de que los pájaros todavía siguen allí.


Las Ninfas/Carolinas, tan pronto como han elegido una pareja para la cría, seguirán junto a ella durante todo el año, incluso después de que la época de apareamiento normal haya terminado. Habitualmente buscan orificios ya existentes que midan de 12 a 25 cm. de diámetro y de 38 a 76 cm. de profundidad en árboles muertos. Eligen, a tal fin, un punto que se encuentre a una distancia de unos 180 cm. del suelo y que permita una visión sin obstáculos de 360 grados alrededor. No introducen modificación alguna a estos orificios, prefiriendo su aspecto natural, por lo que resulta difícil dar una descripción general del nido de las Ninfas/Carolinas.

Aun cuando su preferencia se inclina por los árboles muertos, ello no obsta para que también nidifiquen en los vivos, En los de gran dimensión se ha observado cómo compartían algunas ramas con otros ejemplares de su misma especie mientras que los agujeros existentes en las restantes eran ocupados, para la correspondiente nidificación, por cotorras.

La época de cría depende, de un modo total y absoluto, de las diversas épocas de lluvia en Australia. Tal circunstancia se da, en las regiones meridionales, durante los meses de primavera australiana, es decir, de agosto de diciembre.

En cambio, las Ninfas/Carolinas que ha sido dable observar en las regiones septentrionales del país prefieren la época final de la estación lluviosa para llevar a cabo la cría, es decir, desde abril a junio. Las condiciones generadas por el tiempo atmosférico dan origen a la amplia disponibilidad de alimentos que los pájaros instintivamente perciben que les serán necesarios para alimentar a sus crías. Es entonces cuando hacen su aparición nuevos brotes en las plantas, hay gran cantidad de flores y abundan las semillas. En cuanto a las regiones centrales del país cabe señalar que la cría se activa cuando, tras un período de lluvias, las condiciones para ello resultan ideales.

Por regla general una pareja de Ninfas/Carolinas sólo da lugar a una nidada al año y si bien se sabe de dos, tal circunstancia únicamente se da cuando las precipitaciones han sido superiores a lo habitual y aseguran con ello una disponibilidad más prolongada de alimentos. En época de apareamiento resulta frecuente ver a una pareja de Ninfas/Carolinas aseándose el plumaje mutuamente, arrullándose, besándose, arrimándose cariñosamente e incluso dándose de comer una a otra. Emiten asimismo cantos que se dirigen entre sí y la impresión que producen es la de gozar intensamente de su compañía mutua. Es posible que en un momento dado surjan leves desavenencias pero pronto vuelven a la practica de alisarse mutuamente el plumaje y a sus ritos habituales. Puede afirmarse que se presentan casi como inseparables.
También dedican un tiempo considerable a explorar las inmediaciones del nido, lo cual débese probablemente a la necesidad instintiva de protegerse mutuamente y también a los polluelos que van a nacer de su próxima nidada.


Otros pájaros ponen de manifiesto una conducta algo complicado y poco corriente en la época de apareamiento pero éste no es el caso, por regla general, cuando se trata de Ninfas/Carolinas.
Se ha podido observar, respecto a algunos machos, que en múltiples ocasiones desarrollan un ritual de preapareamiento algo sutil durante el cual elevan sus hombros, levantan las alas y las cruzan por encima del lomo, mantienen la cabeza erguida y repiten una y otra vez el melódico canto propio de estas situaciones.
Los periodos de copulación varían ampliamente pero por lo común tienen una duración que oscila desde uno a diez minutos y pueden repetirse en múltiples ocasiones a lo largo de las 24 horas.
Cuando la hembra ya se halla preparada para el apareamiento, baja el lomo haciendo que aparezca casi plano. El macho se sitúa encima y se mantiene en dicha posición utilizando, algunas veces, sus garras para conservar el equilibrio. La posición es muy similar a la que cabe observar en los mamíferos.
Después de que el macho se haya afianzado en la posición descrita, la hembra levanta un ala y el macho dobla la cola hacia un lado hasta situarla debajo de su pareja hasta conseguir que los orificios de sus cloacas respectivas coincidan.
Resulta frecuente el que la hembra lance unos suaves chillidos y también acontece, algunas veces, que el macho emita el canto característico de la especie. Lo más habitual, sin embargo, es que el macho permanezca silencioso, abriendo y cerrando el pico pero sin que de él salga sonido alguno.
Los testículos del macho excretan esperma que penetra en la cloaca a través del correspondiente conducto y desde allí pasa al oviducto hasta llegar al ovario donde tiene lugar la fertilización.
El huevo, a partir de dicho instante, se desarrolla con rapidez, transcurriendo sólo unos pocos días desde el momento de la fertilización hasta el de la puesta.

La puesta, en el caso de las carolinas, se compone de cuatro o cinco huevos pero si la disponibilidad de alimentos ha sido mayor que habitualmente, cabe que sea de seis o siete. Éstos son de color marfil y aproximadamente del tamaño de una almendra. Tanto el macho como la hembra se alternan en la labor de incubación, rasgo éste que tienen en común con las cotorras.
La hembra permanece posada sobre los huevos por la noche mientras que el macho, que durante este período vigila cerca de la entrada del nido, viene a sustituirla en la labor de incubación durante el día. Ambos pájaros se mantienen muy cerca del nido a lo largo de todo el período de incubación, no alejándose de él ni siquiera para comer. El macho emplea la mayor parte de su tiempo, cuando no incuba, posado cerca de la entrada del nido. Transcurridos de 18 a 21 días nacen los polluelos y a este respecto cabe señalar que su aparición tiene lugar en el mismo orden en que fueron puestos los huevos, habitualmente cada dos días.


Los polluelos recién nacidos se hallan recubiertos por un suave plumón de color amarillo intenso. También tienen los ojos cerrados al nacer pero lo abren al cabo de una semana o diez días. Los padres se ocupan de su cuidado y alimentación durante un período de cuatro a cinco semanas, o sea hasta que los jóvenes ejemplares han crecido lo suficiente como para poder abandonar el nido.
Los polluelos, en un principio, se acurrucan sobre una percha y lanzan agudos chillidos para recordar a sus padres que ha llegado el momento de regurgitar los alimentos para dárselos a ellos pero, transcurridas dos semanas, ya comienzan a alimentarse por sí mismos. Los padres, sin embargo, seguirán alimentándolos durante unas pocas semanas después de esto hasta que los jóvenes pájaros sean ya plenamente independientes. La madre y el padre comparten los deberes de alimentación, ingiriendo parcialmente comida para sus polluelos y dándosela a estos de boca a boca, previa retención de la misma en el buche, el cual es parte de esófago del pájaro. La hembra, por regla general, es la que lleva a cabo la mayor parte de la labor de alimentación pero ésta, por lo común, es compartida.
Los hábitos bien conocidos de las Ninfas/Carolinas cuando viven en libertad y los largos años de observación en situación de cautividad han contribuido a ilustrar el hecho de cuán idealmente dotados se hallan estos pájaros para servir como animales de compañía. Se adaptan bien a la cautividad y viven felices en jaulas relativamente pequeñas así como en grandes pajareras privadas. A través de sus muchos años de cautividad estos pájaros han alcanzado un sentido muy desarrollado del juego. También puede enseñárseles a decir unas pocas palabras y, algunas veces, a repetir tonadas musicales que han oido.
Este hecho y su belleza, los han convertido en animales de compañía muy solicitados a través del mundo.

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